Repentinamente sus ojos se cierran, y recostándose en una piedra labrada misteriosa y simbólicamente, tiene un sueño siniestro.  Abre los ojos, procura recordar alguna cosa, y no puede ni aún explicarse confusamente lo que ha pasado. Sale a la plataforma del templo, levanta la vista a los cielos, y observa asombrado una gran estrella roja con una inmensa cauda blanca que cubría al parecer toda la extensión del imperio.

Moctezuma II. Manuel Payno



¿Pensáis que hay ahora otro Mutezuma, para que haga lo que vosotros quisiéredades?

Cartas de Relación. Hernán Cortés