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Los muertos / 2010-2011

A lo largo del tiempo, la tradición filosófica de Occidente consideró el cuerpo como un instrumento por el cual se construía la conciencia del individuo y el conocimiento. Desde los inicios, los romanos generaban una imago (copia del cuerpo material) con la intención de preservar la imagen del difunto, misma que posteriormente podía ser venerada dentro del flujo del tiempo eterno. Como antecedente a este gesto, podríamos mencionar el relato narrado por Plinio el viejo sobre la Princesa Corintia (conocido como el origen de la pintura) en el que la doncella, frente a la partida de su amante, genera un registro de su sombra creando un cuerpo sustituto, un ente metonímico venerable ante la perdida.

En ese sentido la pintura y posteriormente la fotografía, se convertirán en la imago por excelencia, podríamos considerarlos la presencia legal de los sujetos. Si en nuestra sociedad respetamos las efigies es por que no son entendidas como representaciones, sino como condición de nuestros rastros materiales.

En esta serie, indago dentro de diversos libros y archivos casi como un arqueólogo, donde a través de la fotografía, me he permitido retratar los cadáveres de sujetos de los siglos XVIII y XIX, como una invocación de aquellos rastros materiales del cuerpo que perduran como un frío recordatorio hacia nosotros sobre nuestra propia condición efímera.